Muchas son las  personas que  confunden ambos términos a la hora de acudir a una entidad bancaria en busca de financiación, pero  ambos  “productos” son muy  diferentes,  y hay que tener muy claras nuestras necesidades económicas para decantarnos por una u otra opción y evitar cometer un error importante.

 La diferencia más relevante  entre un préstamo y un crédito radica en la forma en la que tenemos acceso al dinero,  en un préstamo disponemos de la totalidad del dinero solicitado de una sola vez, al  instante,  mientras que en el crédito el solicitante va disponiendo de la cantidad concedida según sus necesidades. Esta diferencia fundamental  también marca otro matiz  muy a tener en cuenta, mientras en un préstamo pagamos intereses por todo el capital  solicitado independientemente del uso que hagamos del mismo, en un crédito solo se pagan intereses por el capital que vamos disponiendo en cada momento según nuestras necesidades económicas,  aunque  hay que tener en cuenta que  en algunos créditos existe una comisión de saldo no dispuesto.

 El modo en el que el cliente devuelve dinero a la entidad financiera también es diferente, mientras que en el préstamo una vez pagadas todas las cuotas, habitualmente mensuales,  se da por amortizado el préstamo y para disponer de más dinero debe firmarse una nueva operación,  el crédito normalmente se va renovando,  y el cliente puede seguir disfrutando de la línea de financiación renovándola o incluso ampliándola sin necesidad de firmar un nuevo contrato.

 Destacar que el préstamo habitualmente es más utilizado por particulares, y se recurre a esta operación cuando se va a realizar una compra o una inversión importante como la adquisición de una vivienda o un vehículo, o también cuando conocemos las necesidades exactas de dinero que tenemos, por su parte el crédito suele ser más utilizado por las empresas para poder hacer frente a problemas puntuales de liquidez, habitualmente las cantidades concedidas en un préstamo  son más elevadas que un crédito.  Lo más importante es tener en cuenta todas estas circunstancias para no cometer un error importante y equivocarnos al tomar la decisión definitiva, no hay que pensar en el corto plazo,  sino realizar un estudio completo en el que podamos ver cuáles serán nuestras necesidades económicas  a medio y largo plazo, y tener en cuenta todos los posibles factores que pueden afectar a estas necesidades.

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